jueves, 19 de febrero de 2009

Confesión

Obelix diría que caidito de hombros y mi gran amigo Arturo, simplemente gordito. Si, estoy gordito, bebo, fumo y trasnocho ¿Solo por eso debería de quedarme en casa? A trabajar voy en bicicleta y vivo en un cuarto piso sin ascensor. Correr no corro, pero solo porque cansa mucho y al gimnasio no voy porque entonces ¿qué seria de mi vida social?
Si vos cuento esto no es para quejarme, no no no. No tanto al menos. No pensaré en los mil y pico metros de desnivel del otro día. Ni del peso de los esquís cargados en la mochila. Tampoco de la traza que alguien, que no conoce las cetas, se empeño en que siguiésemos. Pero si diré, que después de casi veinticinco años saliendo al monte, todavía me duelen ciertos músculos que ni siquiera sabía que teníamos. Eso si, como siempre, el esfuerzo mereció la pena.










4 comentarios:

  1. Si es que parece que si no vas al gimnasio ya no haces deporte, me parece mucho mas sano lo que haces, sobre todo la vida social... yo tambien descubrí nuevos músculos cuando empeze con la danza del vientre, te entiendo perfectamente.
    Besos

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  2. Estoy contigo Dani, a mi me pasa lo mismo que a ti. Hay veces que esos musculos a los que te refieres se manifiestan y estan ahi, por lo tanto, tienen tanto derecho como los otros a quejarse. Saludos.

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  3. A veces, de sólo leer hasta dónde subes, y por dónde, y cómo bajas, sólo de leer y de imaginar el esfuerzo, a mí también me duelen los músculos.
    Pero como tú dices, merece la pena. Leerte, digo.

    Besos

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  4. Tú lo que tienes ye una gran humanidà. Y que sería la vida sin chumar, xintar, fumar y les folixes nocherniegues...y andar con muyeres si mos dexen.
    Esi intre máxicu de la cume nun tien preciu.
    Abrazu.

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