lunes, 27 de abril de 2009

Cuatrocientos cuarenta y seis escalones (Homenaje a Alfred Hitchcock)

Estoy sentado en el descansillo. Decaído, enfadado, desilusionado. Me había prometido no llegar a este punto y si eso sucedía, sabría que estaría totalmente perdido.
No era mas que un juego, eso si un juego peligroso. Lo jugué una vez, a la segunda pensé: esta es la última. Y la tercera fue solo para probarme. Y sucumbí, por esta razón estoy ahora aquí sentado. Hundido, perdido, decepcionado.
No cabe duda que estoy enfermo, lo confieso, sicótico perdido. Y todo por culpa de mi vecina, la del cuarto. Es tan guapa…
Estoy en el tercero, y se que son cuatrocientos cuarenta y seis escalones y me he perdido a los doscientos ochenta y siete. No lo soporto ¿qué hago? ¿bajo y vuelvo a empezar? No, tengo que se fuerte, lo dejo y me voy para casa a buscar inmediatamente otro piso. Eso si, irremediablemente un bajo, y si es posible, sin vecinas guapas que me distraigan.

domingo, 19 de abril de 2009

Situación límite

En estos momentos, es cuando me arrepiento de dedicarme a este oficio y por desgracia, cuando mas me acuerdo de mi madre.
Mira hijo, me decía, en situaciones limite lo mejor es tener la cabeza fría, la mente despejada y una buena excusa par salir del paso. Y si, la cabeza y el cuerpo entero tengo helado por culpa de este sudor frío que me recorre la espalda. Por otro lado, lo de mantener la cabeza despejada, ya es un poco mas complicado. Entrar fue relativamente fácil, lo mismo que dar con los documentos que implican a esta empresa sidrera en la utilización de agentes químicos para la elaboración de sus productos.
Pero ahora necesito salir, escapar de esta trampa que es este edificio cerrado. Por mas que le doy vueltas a la cabeza, no encuentro la excusa que me permita burlar a ese guardia que veo a través de la ventana. Claro, si fuese esto una película de James Bond, seguro que tendría algún ingenio para salir por el tejado, algo tipo a una tirolina instalada en mi cinturón, pero ni uso cinturón, ni soy James Bond. Por no decir que tengo vértigo y que no creo que mis ciento vente quilos me permitiesen andar por un hilo ínfimo de película de espías, otra razón mas, esta del peso, para pensar que en una carrera sería imposible dejarlo atrás, penoso.
Aunque... Me parece que tengo una idea para irme de aquí ¿Quien no se asustaría de un animal de ciento vente quilos que resopla y viene hacia ti corriendo dando alaridos como un poseso? Seria tan surrealista que igual me permite tener alguna ventaja.
Mama, esto te lo dedico a ti y juro que si salgo de esta, procuraré dedicarme a otra cosa que sea menos estresante que andar espiando por cuenta ajena.
Uno, dos y...
¡¡¡UAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH!!!


Dedicado a Franchesco que fue quien me prestó la imagen y quien me insto a crear esta paranoia.

domingo, 12 de abril de 2009

Por mucho que corras...

Uuuuuuuuuuulululululululululululululululuuuuuuuuuu - El ulular del viento entre los árboles, se convierte en antesala del suceso.
Clinc, clanc, clonc, clanc, clonc , clanc, clinc, clonc, clonc - Las primeras gotas de lluvia, advierten de lo que se avecina.
Arf, arf, arf, arf - La respiración va poco a poco acelerándose.
Uuuuuuuuuuhhh! Uuuuuuuuuuuuhhhh! - El sonido de la noche. La Lechuza siempre atenta.
¡¡¡¡No, No, No!!!!
Uuuuuuuuuuululululululululululululuulululuuuuuuuu - Siempre el viento de fondo.
Schchchchchchchchchchhchchchchchch - La tormenta arrecia.
Tris, tras, crich, frrrrr, shsssssss, tras, crich - Correr y no parar de correr.
Uuuuuuuuuuuuhhh! uuuuuuuuuuuuhhhh! - Sin perder atención de todo lo que pasa, la Curuxa siempre está atenta.
¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOO!!!!
Ffffffffssssssssssssssssssssssss - Un golpe seco y todo acaba
Uuuuuhhh! Uuuuuuuhhhh!- la Lechuza hambrienta se va a buscar la cena.

jueves, 2 de abril de 2009

El tornillo de Arquimedes

Un repaso a las anotaciones, y otro, y otro más. Era el mayor proyecto al que se había enfrentado hasta el momento y lo había conseguido. Por fin se había echo realidad el sueño de construir el mayor barco del mundo conocido; con capacidad para seiscientas personas, con jardines, con estancias privadas y hasta con un templo dedicado a Afrodita. Y todo esto, con la seguridad de que no se iría a pique.
Bueno, esto último no lo tenía todavía claro, primero debería solucionar el problema de sacar fuera el agua que entraba en la sentina, debido a las grandes dimensiones de tamaña embarcación.
Un apunte, una nota, una suma y vuelta a empezar. Ya llevaba varios días rascándose la cabeza, como si con ello quisiera abrirse un agujero por donde sacar la idea maravillosa que solucionase la incógnita.


Entre tanto, toda Siracusa iba pasando a ver aquella maravilla de la ingeniería: personas ilustres y criados, comerciantes y vagabundos, niños, niñas y ancianos ayudados por ancianas. Todo el mundo comentaba la grandeza del trabajo de Arquímedes.
Pi por el radio del circulo en una suma infinita, parabólica y constante y todo elevado a…
(Suspiro)
Aquello si que era prodigioso, bellísimo, inusitado, irreal.
Cada día, desde hacía por lo menos un mes, la había visto acercarse por el muelle. Cada día a la misma hora, cada día mas guapa, mas inalcanzable.
Hacía tiempo que se había prometido a si mismo, que en el mismo instante en que consiguiera dar por concluido su proyecto, le diría algo. Y ese día estaba a punto de llegar. Solo un dato, un calculo, una variante mas y tendría el valor suficiente para acercarse a ella.
Disimuladamente dejó todos los bártulos de medición en el suelo, necesitaba olerla, rozarla, sentirla. Se aproximó con sumo cuidado y como gravitando, en estado de éxtasis. Necesitaba tocarla, acariciarla, besarla, poseerla… ¿Besarla?
La última vez que estuvo en el templo, los sacerdotes iracundos vociferaban contra el deseo carnal y sobre como se podía extirpar el ser de otra persona con solo un beso.
¿Besarla?
¡Claro! Cuantas veces se había imaginado acercando sus labios a los de ella y en un arranque de promiscuidad, introducir la lengua en su boca para saciar la sed infinita que sentía y beber su saliva. Se imaginaba girando la cabeza para poder llegar mejor a su interior, una y otra vez, beso tras beso. Y veía, con el ronroneo de los sacerdotes en su cabeza como le iba extrayendo todos sus jugos ¡¡¡EUREKA!!


Sin pensarlo dos veces se acerco a ella y sin dejarla tan siquiera recuperarse del susto le dijo al oído: Eres lo más importante que me ha pasado en esta vida y la historia me dará la razón. Y la beso, la beso tal y como se había imaginado, tal y como lo había pensado, recreándose en aquel beso cada centésima de segundo, para acto seguido, irse de allí satisfecho y con la cara marcada por la mano de aquella diosa, aquella sílfide que le había inspirado el tornillo que luego llevaría su nombre, “El Tornillo de Arquímedes”
¿Pensabais que llevaría el nombre de ella? Todos los tíos somos iguales y siempre aplicamos el mismo lema: ¿Por qué te quiero Inés? Por el interés claro. Ni que decir tiene, que después de este suceso no volvió a ver nunca mas a aquella muchacha por la que perdió la cabeza durante unos segundos, y que con cada beso que regaló posteriormente, siempre se acordaba del tornillo que había inventado.