lunes, 27 de abril de 2009

Cuatrocientos cuarenta y seis escalones (Homenaje a Alfred Hitchcock)

Estoy sentado en el descansillo. Decaído, enfadado, desilusionado. Me había prometido no llegar a este punto y si eso sucedía, sabría que estaría totalmente perdido.
No era mas que un juego, eso si un juego peligroso. Lo jugué una vez, a la segunda pensé: esta es la última. Y la tercera fue solo para probarme. Y sucumbí, por esta razón estoy ahora aquí sentado. Hundido, perdido, decepcionado.
No cabe duda que estoy enfermo, lo confieso, sicótico perdido. Y todo por culpa de mi vecina, la del cuarto. Es tan guapa…
Estoy en el tercero, y se que son cuatrocientos cuarenta y seis escalones y me he perdido a los doscientos ochenta y siete. No lo soporto ¿qué hago? ¿bajo y vuelvo a empezar? No, tengo que se fuerte, lo dejo y me voy para casa a buscar inmediatamente otro piso. Eso si, irremediablemente un bajo, y si es posible, sin vecinas guapas que me distraigan.

4 comentarios:

  1. Si ye que nun hay ascensor. Sube al cuarto, y vuelve baxar, y otra vez arriba, y pa baxu, y sigue faciendolo hasta que ella suba, o baxe. Y entonces comentas que pa qué tantos escalones, que si quier subir a tomar una, que si alguna vez quier subilos o baxalos xuntos, tú estarías dispuesto, que si ya los contó, que cuántos-y salen.

    Y aunque y salgan los mesmos que a tí, tú dí que no, que son dos más, o dos menos, y que los contéis xuntos.

    Eso sí, por dios Dañel, nun cambies de casa, que algún día iré yo de visita y lo mesmu la topu nes escaleres y saco tema.

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  2. Como se te ocurre dejarte la catapulta en casa... sube a por ella y luego te lanzas hasta el cuarto.
    Ya estoy de vuelta, ahora a ponerme al día con tus post.
    Besos

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  3. Nun quiero saber quién ya la vecina guapa del cuartu que te mola

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