jueves, 2 de abril de 2009

El tornillo de Arquimedes

Un repaso a las anotaciones, y otro, y otro más. Era el mayor proyecto al que se había enfrentado hasta el momento y lo había conseguido. Por fin se había echo realidad el sueño de construir el mayor barco del mundo conocido; con capacidad para seiscientas personas, con jardines, con estancias privadas y hasta con un templo dedicado a Afrodita. Y todo esto, con la seguridad de que no se iría a pique.
Bueno, esto último no lo tenía todavía claro, primero debería solucionar el problema de sacar fuera el agua que entraba en la sentina, debido a las grandes dimensiones de tamaña embarcación.
Un apunte, una nota, una suma y vuelta a empezar. Ya llevaba varios días rascándose la cabeza, como si con ello quisiera abrirse un agujero por donde sacar la idea maravillosa que solucionase la incógnita.


Entre tanto, toda Siracusa iba pasando a ver aquella maravilla de la ingeniería: personas ilustres y criados, comerciantes y vagabundos, niños, niñas y ancianos ayudados por ancianas. Todo el mundo comentaba la grandeza del trabajo de Arquímedes.
Pi por el radio del circulo en una suma infinita, parabólica y constante y todo elevado a…
(Suspiro)
Aquello si que era prodigioso, bellísimo, inusitado, irreal.
Cada día, desde hacía por lo menos un mes, la había visto acercarse por el muelle. Cada día a la misma hora, cada día mas guapa, mas inalcanzable.
Hacía tiempo que se había prometido a si mismo, que en el mismo instante en que consiguiera dar por concluido su proyecto, le diría algo. Y ese día estaba a punto de llegar. Solo un dato, un calculo, una variante mas y tendría el valor suficiente para acercarse a ella.
Disimuladamente dejó todos los bártulos de medición en el suelo, necesitaba olerla, rozarla, sentirla. Se aproximó con sumo cuidado y como gravitando, en estado de éxtasis. Necesitaba tocarla, acariciarla, besarla, poseerla… ¿Besarla?
La última vez que estuvo en el templo, los sacerdotes iracundos vociferaban contra el deseo carnal y sobre como se podía extirpar el ser de otra persona con solo un beso.
¿Besarla?
¡Claro! Cuantas veces se había imaginado acercando sus labios a los de ella y en un arranque de promiscuidad, introducir la lengua en su boca para saciar la sed infinita que sentía y beber su saliva. Se imaginaba girando la cabeza para poder llegar mejor a su interior, una y otra vez, beso tras beso. Y veía, con el ronroneo de los sacerdotes en su cabeza como le iba extrayendo todos sus jugos ¡¡¡EUREKA!!


Sin pensarlo dos veces se acerco a ella y sin dejarla tan siquiera recuperarse del susto le dijo al oído: Eres lo más importante que me ha pasado en esta vida y la historia me dará la razón. Y la beso, la beso tal y como se había imaginado, tal y como lo había pensado, recreándose en aquel beso cada centésima de segundo, para acto seguido, irse de allí satisfecho y con la cara marcada por la mano de aquella diosa, aquella sílfide que le había inspirado el tornillo que luego llevaría su nombre, “El Tornillo de Arquímedes”
¿Pensabais que llevaría el nombre de ella? Todos los tíos somos iguales y siempre aplicamos el mismo lema: ¿Por qué te quiero Inés? Por el interés claro. Ni que decir tiene, que después de este suceso no volvió a ver nunca mas a aquella muchacha por la que perdió la cabeza durante unos segundos, y que con cada beso que regaló posteriormente, siempre se acordaba del tornillo que había inventado.

6 comentarios:

  1. PLAS.PLAS.PLAS.PLAS...APLAUSOS Y MAS APLAUSOS...
    Dañel me tomo la libertad de ponerte nota "Summa cum laude".
    Si ya sabía yo que merecía la pena esperar... vaya superpost.

    Mil Besazos.... de tornillo claro.

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  2. Cómo le iban los fluidos a este Arquímedes. Jeje. Bueno, una de les mil diferencies entre el Arquímedes y yo, aparte de la toga y la inteligencia, ye que nunca me atreví a da-y esos(ese) besos(beso). Tamos a tiempo ¿eh?

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  3. Bueno, bueno, buenooooooo...
    Te tiramos un guante y has resuelto el duelo de la mejor manera posible.
    Esto sí que ha sido una lección de Física, de Literatura y de lo que es un blog. Sí, señor.

    Y has hecho que me imaginara la historia, allá en Siracusa. Tú, un Arquímedes que entre escapadas al monte y fotos de bichos discurres todo tipo de artilugios fantásticos.
    Sólo espero que "ella", sea yo...
    ...y no la Eugenia, que también sabe de tornillos un rato...jajajajajajaj

    Besossssssssss

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  4. Sublime. Genial. Lo más. Insuperable. Y un sinfín más de adjetivos calificativos en grado superlativo. Daniel insuperable. En cuanto te vea, rompo a aplaudir sea la hora que sea. Saludos.

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  5. Si es que no hay más que enseñarte un poco un trapo colorao pa que embistas como un Miura (salvando las distancias...).
    Debo reconocer que saliste del paso con mucha elegancia. Voy a tener que andar con cuidado y pensármelo dos veces antes de volver a provocarte.
    Salud.

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  6. la sacabera errante3 de abril de 2009, 13:38

    Gracias, gracias, gracias.
    Menos mal que no podeis ver el rojo intenso que ilumina ahora mismo esta habitación, sale todo de mi cara.
    Muches gracies de verdá pero no es pa tanto. La culpa ye toda vuestra.

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