lunes, 11 de mayo de 2009

Crónicas vampiricas IV (o como ser feliz con un microondas)

Un primer vistazo a lo que tengo cerca, me va poniendo al tanto de lo que me espera. ¡Uf!, necesito abandonar urgentemente esta situación de somnolencia ¿será posible que cada mañana me arrastre al taller completamente dormido? Si, es posible.
Un momento de publicidad:
“ANOBIUM. Tratamientos antixilófagos. Restauración de arte y muebles”
Gomalaca, trapos, lija, brochas… ¿dónde estoy?
Que va, no soy capaz de centrarme, mi mente se va y me siento incapacitado para ponerme a la tarea.


En mi cabeza, como volutas de humo que se escapasen del primer cigarrillo que enciendo, se me forma un recuerdo.
Hace años, todavía viviendo en casa de mis amados progenitores, obligaba a mi venerada madre a tener que levantarse para echarme la primera bronca del día, mientras yo repetía insistentemente esa frase tan manida de: “ahora mismo mama, cinco minutos nada mas” Y aquellos cinco minutos iban convirtiéndose en seis, en siete, en ocho y hasta en nueve y en diez. Y claro, todo junto, se convertía en una bronca nueva y resplandeciente, bronca que servia para obligarme a tener que ponerme en pié.
¡Y lo hacia, como para no! Y como un autómata en estado de catalepsia me dirigía a ese gran invento que es el microondas, donde introducía una taza llena de blanca leche, que ponía a calentar durante no menos de cuatro minutos, tiempo suficiente para pasarlo metido nuevamente en la cama.
Que momento de éxtasis., cuanto hervor lacteo.
Mientras, aletargado, esperaba aquel fatídico piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, que con insistente agudeza y acompañado del indispensable “ Danieeeeeeeeeeeeeeeeeellllllll” que oía en la lejanía, me forzaba a levantarme definitivamente.
Pienso ahora, mientras intento afanosamente despertar, en el puto despertador que cada mañana me obliga a salir del limbo de mis sueños. Y por supuesto, pienso en mi adorada madre, sufridora de mis adolescentes despertares. Y claro, como no pensar en aquel microondas que sabía como hacerme feliz con solo cuatro minutos.
¡Cachis! Se me pasa por la cabeza, con el cigarrillo ya agónico, que como no me desperece y me ponga a ello, mi jefa me va a echar a los perros.
Mierda de vida…
Nota del autor: Por desgracia para mi madre en su día y para Ana Moro hoy, todo parecido con la realidad de lo aquí relatado, obedece a la crónica exacta de una vida dedicada a un mal despertar.

5 comentarios:

  1. Oye tío, si pones el microondas al mínimo. En vez de 4 minutos va tardate 10 en calentar la leche. Y eso que ganes de sábanes ¿non?
    Buenos días rapaz.

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  2. Lo tuyo es masoquismo, primero el infernal despertador y luego el piiiiiiiiiii del microondas,en el ranking de electrodomésticos odiosos el primero es el despertador. ¿Quien inventaría la frase de que al que bien madruga Dios le ayuda?... alguno que no tenía despertador fijo.
    Saludos... por cierto es la hora de la siesta... un momento feliz sin despertador.

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  3. ¡Qué gamberro, qué dormilón!
    ¡Pedazo de perezoso! Y tu pobre madre, ahí todos los días, levántandote de la cama...anda, anda!! que ya te vale!!!!

    Firmado:
    una trasnochadora, una madrugadora, o sea, una insomne

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  4. la sacabera errante14 de mayo de 2009, 5:02

    Lo peor de todo, ye que al final, no soy persona hasta tres o cuatro horas despues de haberme levantao, da igual que le haga caso al despertador, al microondas o a quien sea. Trasnochar mola, levantase tarde tambien, madrugar cuando no es para trabajar tambien, pero dormir... Dormir mola mucho.

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  5. Venga! madrugar nun ye tan malo!!! Abres los güeyos a un nuevu día, si ta el sol ehí te anima a salir y si llueve mola mirar pela ventana, les mañanes son de lo meyor de la vida.
    De nueche el sopor ye insoportable, la tele una mierda, y siempre hai algún espabiladín trasnochador que se mofa de ti porque quedes frita nel sofá

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