lunes, 27 de julio de 2009

Después del lunes siempre vendrá el martes

Solo es lunes y yo ya arrastro los pies por el taller, barro el suelo con los playeros mientras echo de menos las sandalias, la cama, la playa.
Lunes. Ya se que queda menos para que llegue el viernes, pero no deja de ser lunes. El último lunes del mes julio. El jodido lunes, aunque cada vez queda menos. ¡Mmmmmmmmmmmmmm! Vacaciones, cerrado por descanso, volvemos mas tarde, en este momento no esta, vuelva otro día, stand by, off.


P.D. No se que me pasa pero es llegar el verano y no me apetece otra cosa que leer o releer cualquiera de las novelas de serie negra que Andrea Camilleri dedicada a Vazquez Montalvan.

miércoles, 22 de julio de 2009

Clase turista

El Flashback o analepsis es una técnica utilizada tanto en el cine como en la literatura que altera la secuencia cronológica de la historia, conectando momentos distintos y trasladando la acción al pasado.
Y para licencias imaginativas, flashback también podría ser un palote de hielo para las bacas, o algo mas que un superhéroe gordito de hace por lo menos treinta años (léase Flash Gordon)
No, en el caso que nos ocupa, flashback es lo que vamos a usar para recrear el fin de semana que Cantabria fue infinita.
Milladoiro, el botín canadiense sonriente (La Bottine Souriante), los Celtas cortos, los Red Hot Chilli Pipers, un montón de folcloristas cantabros y los inigualables, que fiestón montaron, los Balkan Beat Box.


Pero no, tampoco nos vamos a parar en el festival musical, ya que de el no hay imágenes. La música y los directos son para disfrutarlos bailando y en esas lides, la imagen seguro que saldría movida, o la movida vendría cuando bajo los efectos post-etílicos, te dieses cuenta de que ya no tienes cámara.
No (viva el negativismo), nuestro flashback no es musical, nuestro momento regresivo, nuestra imagen mental se va a centrar en el lugar que recoge tan magno evento festivo. San Vicente de la Barquera.
Si Unquera es la puerta de entrada a Cantabria desde Asturias, tienda de corbatas elegantes con forma de hojaldre, San Vicente es el pasillo, el lugar donde tomarse un café y seguir camino, aunque desde que hay autopista, ni eso.
Nunca nos habíamos, yo al menos, parado a callejear por entre los arcos de la calle principal, nunca habíamos visto el puente que atraviesa la bahía desde una altura de peatón, nunca nos había interesado ni su castillo ni su iglesia semigótica, ni la ropa tendida de su vecindario, ni los homenajes a Bisbal, ni los edificios modernistas que nada tienen que ver con una villa marinera, ni su sidreria, ni la variedad y numerosa presencia de otras razas trabajando en su hosteleria.
No, la verdad es que ni siquiera nos imaginábamos en San Vicente de la Barquera, que desde luego, quedara en la retina de nuestra memoria para cuando el julio que viene, Cantabria vuelva a ser infinita.



jueves, 16 de julio de 2009

Las bicicletas, definitivamente son parte del verano

La bicha recorre el campo exhibiendo su esplendor. Zigzaguea, gira y requiebra buscando mis puntos débiles. ¡Qué hábil!
Por un momento estoy casi perdido, casi digo.
Me siento acorralado, a pájara destinado.
Mientras, el pánico hace que un hilillo de baba se me escape por la comisura de la boca.
No me queda otra; resoplo, ronco, bramo y en un arranque de valentía gregaria, me marco un demarraje que me sitúa de nuevo por delante de la pérfida Albión, disfrazada para el caso, en serpiente multicolor.


Pero hoy es un día aciago, viernes y para más señas de verano.
Cuando estoy a punto de llegar, volante hacia la meta, ¡Tras! Pinchazo. El flato, el tenedor y la vajilla entera, sueño de comunión, se van al suelo junto al periódico, que desde hace rato, descansaba abandonado sobre mis rodillas.
Y todo junto: despertar sobresaltado, ganar la etapa del Tourmalet, y ese regusto a “pote” que se me viene encima desde protuberante vientre, me recuerda que ¡Dios!, que placer ir a comer un buen cocido a casa de la mama, para después, rebosante, dejarse llevar por los sueños confusos que el sopor del Tour de Francia deja en las sobremesas de canícula.