lunes, 21 de septiembre de 2009

De cuando eramos jovenes I

El tiempo pasa y... No hay duda, nos vamos poniendo viejos.
Por fin tuve la oportunidad de recuperar aquellos recuerdos de cuando mas joven iva de campamento con Fredi “el mono”, Juan “el banano”, con Jesule, Yeyo, con Agus “el Pingüi”. De cuando conocí a Ana Moro.

Pero no, parar, no va a ser esta una historia de la puta mili, no es esa mi intención. Tampoco lo fue cuando surgió la idea de recorrer a contracorriente parte del río Porma y la totalidad del Curueño. La única intención, lo que se escondía detrás de esa aventura bicicletera (acompañado de la propia Ana Moro y de Félix Lillo) era volver a un paisaje lleno de recuerdos donde aparecía el pueblo de la Vecilla, las juergas en el bar Central de Tolivia, la escapadas nocturnas regadas con menta y cerveza en Valdelugueros, las carreras detrás de las chicas por entre las tiendas de campaña, el Bodón mi primer gran montaña.
No hay duda, nos estamos haciendo viejos.
Convencer a Felix para que nos acompañara, no supuso mucho problema. El, que es un gran ciclista urbano, enseguida imagino el disfrute que podría ser pedalear por tierras castellanas y mas cuando le aseguramos que no llevábamos prisa ninguna y que San Miguel o San Mahou o Santa Estrella, nos acompañarían durante todo el recorrido.
Otra cosa fue convencer a Ana Moro “¿Unas vacaciones por Tolivia y Lugueros? No doy crédito” Sin duda, el punto de inflexión para terminar de convencerla fue proponerle servirnos de soporte técnico y anímico conduciendo nuestro coche.


Salimos de Oviedo un lunes temprano. El Caleyu, Mieres, Puente de los Fierros y las primeras rampas del puerto pajares. Entre cabezada y cabezada (hasta León vamos en tren) se van sucediendo las estaciones y los paisajes. El tren necesita su tiempo y nosotros lo tenemos. Pensando en la dejadez que sufre la guapísima estación de Campomanes contemplamos la inmensa mole del macizo de la Ubiñas, que se levantan por encima de los dos mil metros del suelo, y en Pola de Gordón se me va la cabeza a la mas tierna infancia (pronto empezamos) cuando junto a mis hermanos y mi hermana, mi padre y mi madre, recorríamos lo pinares cercanos o nos íbamos a bañar al río. Otro río que no es el que buscamos.
Ya estamos en León. Y es aquí donde realmente nos damos cuenta del verdadero significado de este viaje. Y todo por ver un montón de peregrinos que iban en sentido contrario al nuestro. Para mi, será un viaje a contracorriente de la edad para volver a encontrarme con algunos viejos fantasmas que algún día pasaron por mi vida. Para Felix, seguro que será un viaje iniciático en el placer de descubrir el placer de pedalear fuera de la ciudad. O no. Y para Ana Moro... Bueno, Ana Moro iba haciéndose a la idea de pasar un par de días por la montaña leonesa.

Los primeros kilómetros son tediosos, mientras buscamos la postura adecuada para que nuestro perineo no sufra, los camiones que pasan a nuestro lado juegan a absorbernos y meternos bajo sus ruedas, menos mal que no son muchos kilómetros. ¡Que placer da pedalear por carreteras comarcales! ¿Lo celebramos Felix? Llegó la hora de empezar a encomendarse a nuestros santos particulares.
Las choperas y los alisos que vamos dejando a nuestra izquierda nos dan fe de ir remontando el río Porma, aunque si fuera por el, tendríamos claro que nos podrían zurcir. Las acequias que riegan los campos de cereal y los maizales es la única agua que vemos por el momento.


Tierras del norte de Castilla, secaderos de mineros asturianos, alivio de silicosos. Pola de Gordón, la Robla, la Vecilla, Valdelugueros, Valdeteja, Valencia de don Juan, la Bañeza, señores ¡y señoras! Que van a sus quehaceres diarios en bicicleta, la panadera que pita al entrar en los pueblos, cortinillas de macarrones a la entrada de las casas, nidos de cigüeña abandonados, los bares desiertos... Estamos en pleno agosto y el calor es intenso, pero no importa ¡¿Que mas nos da comparado con la inmensidad del mar?!


No existen las metas impuestas, no tenemos prisa. Lo que importa es disfrutar cada kilómetro.
Y kilómetro a kilómetro, cerveza a cerveza, pedalada a pedalada, nos reunimos con Ana Moro. Si Felix y yo nos parecemos a D. Quijote y Sancho Panza a lomos de nuestras monturas, Ana Moro... Bueno, Ana Moro empieza a disfrutar del viaje.

En Cerezales del Condado, se encuentran las corrientes del río Porma y el Curueño, también la que será mi desilusión en esta aventura. No se porque, pero en mi imaginación y en este punto, nos tendríamos que dar de bruces con la historia de dos grandes ríos. Y sin embargo, lo que nos encontramos es un gran entramado de obras de acondicionamiento de la vía principal que va a San Isidro. Vamos, lo que viene siendo la construcción de una carretera general ¡Puto plan Ñ y puto progreso especulativo!
Al final, cuando la tarde languidece, renacen las sombras y ya por fin estamos subiendo el Curueño.


¿Por qué seremos tan beatas? Renegando por no haber llegado un día antes al pueblo en que nos encontramos, último día de fiestas, nos sentamos a la mesa del único bar que vemos abierto y nos disponemos a asistir a una situación cuanto menos surrealista.
Que a donde vamos, que de donde venimos, que que gran hazaña, que no nos preocupemos porque al tipo lo consideren raro, pero es que tiene la capacidad de poder hablar con los duendes. Que donde vamos a dormir, que prefiere conversar con el intelectual (Felix), que de Mieres se acuerda de la gran tradición que existía de jugar al parchís ¿?, que se sabe una canción que dice: “hare Krishna, hare, hare...”
¡Dios, otra cerveza por favor! ¿Que más pedir después de esto? Quizás lo típico: una noches estrellada previa a las lagrimas de San Lorenzo y la súplica para que Felix se quite las gafas, ya que cada vez que lo hace, Ana Moro y yo vemos alguna estrella fugaz, mientras que a el, que no ve ni torta sin ellas, no le queda mas remedio que quedarse dormido. Nosotras le seguiremos a pasos agigantados.

2 comentarios:

  1. No entiendo esa manía de pedalear. Qué desprecio a todos esos ingenieros e ingeniosos que inventaron y perfeccionaron el motor de explosión.

    Aún sintiendo ésto, cogería una bici bien contenta sólo por tomarme con vosotros una cerveza de esas que cuentas en el post.
    O las sidras prometidas...

    Me encantan esos trocitos que has metido como el de "cuando la tarde languidece, renacen las sombras..."

    Besosssssssssss

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