sábado, 26 de septiembre de 2009

De cuando eramos jovenes II

Amanece que no es poco... y me acuerdo de la luz tan maravillosa que había todas las mañanas, de cuando adolescente y peleón salías de la tienda de campaña y resoplabas y escupías aquel: “tremendo día de calor que va a hacer hoy”.


Esta mañana se parece mucho a aquellas, solo que esta vez nos basta con abrir los ojos, no tenemos que salir del saco para descubrir la luminosidad del día, esa limpieza en el ambiente que nos abre el apetito y nos recuerda que necesitamos la primer dosis de cafeína. Por aquel entonces, después de levantarnos, íbamos a lavarnos con el agua helada del Curueño. Hoy, con mas años y experiencia, solo un dedo toca el agua de la cantimplora y con el mojamos consecutivamente el ojo derecho y el ojo izquierdo. Ya tendremos tiempo de acicalarnos mas tarde.

(Suspiro)...aquellos maravillosos años... También hoy como entonces, recordamos las hazañas de la noche pasada, aunque en este caso, mas que hazaña, sea sorpresa. Porque sorpresa debió ser lo que llevaron los guardias cuando vieron un coche “rosa” con matricula de Oviedo tirado en un arcen en medio de la nada castellana. Como sorpresa les debió de resultar oír aquellos ronquidos detrás de la línea de árboles mientras bajaban a comprobar que pasaba. Me conozco roncando y por eso no me extraña que no nos dijesen nada.
Llegamos a la Vecilla agradecidos de haber desayunado al gusto y ya con los rayos caniculares dándonos de lleno en la espalda. Como si lo hubiésemos planeado, nos plantamos allí a la hora exacta de nuestra primera visita espiritual: “un par de botellines por favor”.

Recuerdo este pueblo como un cruce de caminos polvoriento, un lugar achaparrado, como queriendo escapar del sol, feo. Hoy día sigue igual, incluso peor, ya que es atravesado constantemente por los camiones que sacan el material de la construcción de la nueva carretera que sube a San Isidro, no nos importa, la Vecilla es el punto de encuentro definitivo con el río Curueño, a partir de aquí ya no lo perderemos de vista y recorreremos junto a el la parte mas guapa de todo el recorrido.
Aquí comienzan las hoces que llevan el mismo nombre que el río y tanto Ana Moro como yo (saber lo que piensa Felix es mas difícil de adivinar) llevamos el mismo pensamiento en la cabeza: “¿En qué poza nos bañaremos?”, además, el calor ya aprieta y es necesario buscarse una sombra que nos cobije de la modorra de las peores horas del día. Seguimos sin tener prisa, para que.

La carretera que atraviesa estas hoces es espectacular, encajonada entre montañas y haciéndonos cambiar constantemente de mano. La de puentes que tuvieron que construir estos romanos, ahora la mayor parte mal reconstruidos o directamente inexistentes; aunque pensando en el que todavía sobrevive en el pueblo de Valdelugueros podemos hacernos una idea de lo importante que esta ruta debió ser para el imperio.

A la altura del cruce para Valdeteja, nos acordamos de Richard, cuando nos contaba que en el bar del pueblo hay una foto donde se da fe del paso de Vigo Mortensen por aquellos lares un invierno que se perdió por allí. El bar, para nuestra desgracia lo encontramos cerrado, cosa que no ocurre con los de Tolivia y Valdelugueros, pueblos a los pies del monte Bodón, ¿Dije ya que fue la primer gran montaña que yo tengo subido?

Nuestra ruta de hoy termina aquí, al este del edén, entre tragos de cerveza y ginebra con limón, amparados por un plato de patatas, güevos y chorizo en lo que antaño fue el cuartel de la guardia civil, ahora reconvertido en hotelito de a mucho por habitación. ¿Será esta otra noche de estrellas fugaces? ¿Se habrán pasado los datos unos guardias a otros? Hasta mañana. Que durmáis bien, que soñéis con querubines gorditos y tocando arpas celestiales que mañana, ya veremos lo que hacemos.

5 comentarios:

  1. La foto del puente es espectacular. ¡¡¡Qué chula!!!
    Y las otras, también.

    Lo del coche rosa que me contaste en un comentario veo que no era coña, que es verdad, que tienes un R19 ¡¡rosa!!
    Qué total.

    Besos

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  2. Perdón, perdón, perdón Cristina. Despues de darte las gracias por lo que me dices de las fotos, tengo que aclarar un entuerto antes de que termine en gran bola de fuego.
    Que tenemos un R19 es verdad. Y siempre se lo agradeceremos a Dompe. Pero que sea rosa... Aclaro lo del color: el coche ya tiene unos años y junto al paso del tiempo y algún que otro incidente chapistico, lo que le sucede es que gasta diversas tonalidades de rojo, algunas tan desvirtuadas que llegan a parecer rosas, nombre con el que lo bautiza Ana Moro.
    Siento de verdad haberte equivocado con lo del color del coche y la verdad es que no me importaria que fuese rosa, seria realmente fashión.
    Un tremendo beso y nuevamente perdona por la confusión.

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  3. ¡¡Ay Dañel!! Qué amable. Ojalá todas las confusiones que yo tengo fuesen como la del coche.
    El mìo llevó toda su vida tanta mierda encima, con perdón, o sea, polvo, tierra, que la chapa estaba bastante bien. Creo que esa capa de suciedad de varios milímetros protegió el color a pesar de pasar muchas horas en la calle. Aún así, tiraba a naranja...

    Pero volvamos a tu "de cuando éramos jóvenes". Espero la trilogía, como poco...

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  4. Dañel, he leído tus comentarios, gracias por preocuparte por mí.
    Y nada, tranquilo, todo está bien...y si no...pues...
    Que he ido a ver "Malditos Bastardos" y he salido como nueva del cine (es un decir...). Que se acabó lo de los poemas preciosos, lo de canciones de estas de llegarte a las tripas, lo de ponerme profunda y existencial y demás...nada, a partir de ahora voy a hacer como el Brad Pitt, me voy a dedicar a repartir hostias, con perdón, a diestro y siniestro. Se me va a pasar la tontería en un pis pas.

    Es un decir...

    Y tú escríbete algo, anda. Que da gusto leerte.

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  5. ¿cómo se dice en asturiano "repartir hostias"?

    Te pregunto ésto como si supiera como se dice todo lo demás...anda que no se me va la pinza ni nada...

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