jueves, 10 de septiembre de 2009

Día de playa

Durante el mes de agosto, una emisora estatal y de contenido cultural, programó un concurso de relatos veraniegos para aficionados. El premio, un lote de libros, que no esta nada mal en estos tiempos que corren de carestía monetaria. Por tanto, la invitación estaba echa; todas las semanas se pedía un texto de no más de trescientas cincuenta palabras y donde tenían que aparecer las palabras que ellas indicaban.
A mí, que por supuesto me gustan según que retos, me convencieron para participar y ni corto ni perezoso les mande un par de textos, los correspondientes a las dos primeras semanas.
Ni que decir tiene que ninguno de ellos eran merecedores de nada, pero ahí están. Por tanto, los dos siguientes post incluirán los relatos que el que suscribe envió un buen día a la radio.
Para este primer relato, lo que se pedía que apareciese dentro del texto era “quemadura solar”. Yo lo titule como “Día de playa” y dice así.

No, ¿por qué yo? Que yo sepa, en mi pasado no cometí pecados reseñables. Bueno, quizás algún desliz. Como con Dolores, mi vecina ¡qué gran cuerpo tenia Dolores! Posiblemente aquel día al paso por aquella parada de autobús en que mi coche no pudo esquivar aquella mini piscina de agua estancada; no creo que fuesen para tanto tales insultos, desproporcionados me parecieron comparándolos con el echo en sí de mojar “un poco” a cuatro transeúntes.
Puede ser también, que no me portase adecuadamente con aquel bicho, aquel monstruo, aquel chucho descerebrado que no hacia otra cosa que dejar sus necesidades en cualquier esquina por la que yo pasase. Igual el laxante debería habérselo dado a su dueño, es verdad, pero...
¿Pero por qué yo? ¿Por qué tengo que ser yo el que me abrase en este averno, el que me incendie en este infierno de arena? ¿Arena?
¡Niño, maldita sea! ¿No te enseñaron que no hay que molestar con la pelotita? Mira como me has puesto gamberro.
Al menos me despertó de la pesadilla que estaba teniendo, casi que me sa... ¡hay, pero... como escuece!
Madre de dios, ¡pero si estoy coloradísimo, si parezco un...!
Abrasado, estoy abrasado y encendido, esto no se yo si no excederá la quemadura solar y pasara a ser algo mas grave. Bueno, al menos con la siesta que me he echado, no tendré que preocuparme de no poder dormir esta noche y podré dedicarme a planear lo que le aré a ese vecino roncador que me atormenta noche si y noche no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario