jueves, 24 de diciembre de 2009

Veinticuatro de diciembre

Era otra noche mas de espuma y sal, de cañas aparejadas y viento favorable y Esther... Esther recorriendo la costa más pomposa que nunca: de arriba a abajo, de izquierda a derecha. Se sentía feliz y no era para menos, noches como aquella se daban pocas.
No hacia ni una hora que había salido del puerto, hora y media a lo sumo cuando restallo el primer relámpago. La sorpresa fue mayúscula. La tormenta venia por su espalda, a traición. En cuestión de segundos el cielo perdió todas sus estrellas, las olas se asemejaron a montañas y la espuma, a la nieve que se nos viene en cima como en un alud. Al poco estaba lloviendo y al poco mas diluviando.
Se sintió frágil.
Sufrió por Esther con cada sacudida.
Se temió lo peor.
A las cuatro horas de haber salido del puerto, el mar desapareció. El frío, la humedad, el viento, todo había desaparecido. Ahora navegaba tranquilo, a bordo de Esther entre un campo de flores. Mientras, la brisa lo llevaba hacia el horizonte.
Era un veinticuatro de diciembre cuando salio como cada noche a pescar.
Y como cada noche del veinticuatro de diciembre, mientras unos vienen, otros se van.


jueves, 17 de diciembre de 2009

Rain dogs

Dentro de un reloj roto, salpicando vino con todos los perros de la lluvia. ¿Taxi? Preferimos caminar, amontonarnos en un portal con los perros de la lluvia. Porque yo también soy un perro de la lluvia.
Cómo bailábamos y nos tragábamos la noche. Porque estaba madura para soñar. Cómo bailábamos lejos de las luces. Siempre hemos estado majaras.
El ron cae fuerte y fino. Llegamos antes que el basurero con los perros de la lluvia embarcados en un tren que naufraga. Dales mi paraguas a los perros de la lluvia Cómo bailábamos con la Rosa de Tralee. Su largo pelo negro como un cuervo. Cómo bailábamos y tú me susurraste, nunca volverás a casa


P.D. El texto es, mas o menos, la traducción de “Rain dogs” de Tom Waits y las imágenes están sacadas con un teléfono móvil, un sábado a eso de las tres de la mañana, mientras bajaba para casa aburrido de beber solo. Un Tom Waits cualquiera

jueves, 10 de diciembre de 2009

Eduardo el cabezón

Hola ¡¡Ah, eres tú!! ¿Te acuerdas de mi? Ya hace casi un año que nos conocemos En Marzo se cumple. Claro, igual no te das cuenta. Yo entonces estaba en otra fase. Más primitiva, más simple, más concreta, más ovárica. ¡Pero ya me ves! El tiempo pasa y el calor nos hace más grandes, más completos, más intensos. Aunque no creas... Todavía me queda por crecer, por evolucionar. Todavía no conseguí alcanzar la edad adulta, ese momento en que los besos arrecian y los cuentos se hacen realidad. Si, desde luego, tengo ganas de que llegue ese momento. Estoy arto de que todo el mundo me llame renacuajo, cabezón. No me gusta, lo odio. Espero el día en que se me presente alguien, a ser posible guapo, ¿o será guapa? Y con ansia me de un súper beso de tornillo, como aquel Arquímedes y su chica, y me saque de este mundo liquido. Igual eres tú el elegido. No se, por lo que veo estas muy interesada en mi persona. Igual hacemos buena pareja ¿Te lo imaginas? Que prefieres, besarme o que te bese. Si quieres pruebo ahora, aunque me parece que para que ocurra algo todavía tenemos que esperar. No creo que sea muy legal esta situación. ¿Me esperaras? ¿Descubrimos juntos nuestro futuro?
No te vallas, vuelve.....
Recuerda al menos mi nombre.................
Me llamo Eduardooooooooooooo.
Te esperareeeeeeeeeeeeeeeee.