jueves, 24 de diciembre de 2009

Veinticuatro de diciembre

Era otra noche mas de espuma y sal, de cañas aparejadas y viento favorable y Esther... Esther recorriendo la costa más pomposa que nunca: de arriba a abajo, de izquierda a derecha. Se sentía feliz y no era para menos, noches como aquella se daban pocas.
No hacia ni una hora que había salido del puerto, hora y media a lo sumo cuando restallo el primer relámpago. La sorpresa fue mayúscula. La tormenta venia por su espalda, a traición. En cuestión de segundos el cielo perdió todas sus estrellas, las olas se asemejaron a montañas y la espuma, a la nieve que se nos viene en cima como en un alud. Al poco estaba lloviendo y al poco mas diluviando.
Se sintió frágil.
Sufrió por Esther con cada sacudida.
Se temió lo peor.
A las cuatro horas de haber salido del puerto, el mar desapareció. El frío, la humedad, el viento, todo había desaparecido. Ahora navegaba tranquilo, a bordo de Esther entre un campo de flores. Mientras, la brisa lo llevaba hacia el horizonte.
Era un veinticuatro de diciembre cuando salio como cada noche a pescar.
Y como cada noche del veinticuatro de diciembre, mientras unos vienen, otros se van.


3 comentarios:

  1. Hola¡

    Permiteme presentarme soy Sofía administradora de un directorio de blogs, visité tu blog y está genial, me encantaría poner un link de tu blog en mi sitio web y así mis visitas puedan visitarlo tambien.
    Si estas de acuerdo no dudes en escribirme a sofiacastillo0801@hotmail.com
    Exitos con tu blog.
    Un beso
    Sofía Castillo

    ResponderEliminar
  2. Dentro de poco igual das el salto a la fama. No sabía yo que hubiera administradoas de blogs (¡seré inculto cibernético...¡).
    Cambiando de tema, ¡¡¡NIEEEEVAAA¡¡¡
    Por fin. A ver si no para y salimos a la calle con una cuarta o más.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. ¡¡¡¡Feliz 2010!!!

    Aquí también ha nevado hoy.

    Muchos besos Dañel.

    ResponderEliminar