martes, 29 de junio de 2010

La leyenda de “Balarrasa” en el país de los cóndores (breve homenaje a Simón & Garfounkel)

Según los cuentos de vieja, vivió una vez por estas tierras un tipo raro, estrambótico, de mote “Balarrasa”. Y según cuentan, era llamado así por su capacidad de correr a toda hostia muy pegado al suelo.
-¡¡Corre “Balarrasa”, corre!! Que no te alcancen.- Nos dicen que le gritaban quien le conocía cuando lo veía pasar pegadísimo al suelo y corriendo como un endemoniado.
Aunque no era esa su única afición, también le gustaba muchísimo estarse quietecito envejeciendo al sol.
-Que contradictorio eres hijo.- Solía decirle su madre cuando le veía con la barriga pegada al suelo, segundos antes de echar a correr.
No tenia “Balarrasa” motivo ninguno para correr, es cierto, pero encontraba un placer excelso en hacerlo. Cuando sin venir a cuento se le pasaba por la cabeza la cola de la frutería, tremendos carrerones. Por el contrario, era pensar en una mudanza y como un muerto, vegetaba casi hasta el achicharramiento tumbado en una piedra al calor del sol. Así era “Balarrasa”.
Contamos ahora, con el testimonio del último testigo que vio a “Balarrasa”.
-La verdad es que era un día gris, y sin embargo, había flores allí donde la nieve no cubría la hierba.
Yo me dedicaba a dar una vueltecita por el verde campo, alegre, ensimismado en un asuntillo que me traía entre manos, pensando en los réditos que me reportaría, mojándome los pies, absorto. Hacia tiempo que no me dedicaba yo a mis labores mentales. Por eso aquel día ¿ya dije que era un día gris? Pues eso, por eso aquel día aproveche yo, después de tender la ropa y mudar la cama; para encaminarme mentalmente hacia mi interior y físicamente hacia la calle.
Iba yo pancho, relajado, a mis cosas mismamente, con mis pantalones de felpa que me protegían de aquel día gris. Y mi camisa de cuadros, no fuese a ser que me pusiese a cortar algo de leña. Porque, por si no lo he contado, yo para cortar leña necesito mi camisa de cuadros; si no, no me meto en el papel y puede ser que probablemente me deje llevar por la pereza y el desanimo y deje la leña para...
Si, si, bueno, lo de “Balarrasa”. Pues como ya he dicho, iba yo aquel día gris, un día típico de sofá, pero que yo aproveche para sacar mis pensamientos a pasear, cuando de repente ahí lo vi. ¡”Balarrasa”! Pero bueno tío ¿Qué haces ahí? Le pregunte entre sorprendido y desinteresado al mismo tiempo. Ya digo que tenía los pies mojados y la cabeza en otro sitio.
Pues nada, aquí, tomando el fresco ¿no te jode? Me respondió el con un deje de malos modos
Ah bueno, pues vale ¿Te puedo hacer una foto? Y es que no se porque motivo llevaba yo la cámara conmigo ¿seria por las flores que se veían entre la hierba que no cubría la nieve? No se, el caso es que le hice la foto y me fui. Y ya no supe mas de “Balarrasa” hasta ahora que llegaron ustedes a preguntarme, y si no es por eso, pues casi que ni me acuerdo mas de “Balarrasa”. No por nada, solo que aquel asuntillo que llevaba entre las manos cuando salí a pasear y vi a “Balarrasa”, me salio tan bien, que últimamente no pienso en otra cosa. Por cierto, ¿no les apetecería comprar un cóndor? Al principio pasa, pero después hace mucha compañía.
Y hasta aquí la breve historia, ficticia o no, de “Balarrasa”, a quien le gustaba correr a toda hostia con el estomago pegado al suelo.
-Que noooooo, que no nos apetece comprar un cóndor, pesao.

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