miércoles, 6 de octubre de 2010

Crónicas vampíricas VII (o el síndrome del Peter Pan intestinal)

¡Meca! Me acabo de dar cuenta de que la espada esta desafilada. Un, dos, tres, cuatro....., cuarenta muescas en ella, casi nada.
Si me dejáis, entre que la afilo y no, os cuento como me escapé del malvado Capitán Garfio una mañana en que me quería vencer a base de trampas.
Esta historia, hay que situarla en tierras de La Corredoria cuando los prados aun eran verdes. Y amoldarla a un tiempo en que la “m” con la “a” sumaba “ma”. Por aquel entonces, esta espada que ahora afilo, tendría solo cinco o seis muescas, eran otros tiempos...
No recuerdo bien como había llegado a aquella situación. Seguro que algún traidor, tentado por el dorado recreo, me había vendido y había querido que pagase yo, cualquiera de los patos que se paseaban por aquella clase de parvulitos.
Por supuesto que me defendí con uñas y dientes. Grite que no. Que no me vencería porque estaba en lo cierto cuando afirmaba y aseguraba, que no había tenido nada que ver en aquello de lo que se me acusaba.
Imaginaros el entrechocar de filos, las chispas con el roce de los hierros. Sabia que llevaba las de perder, como no.
El Capitán Garfio, disfrazado de mujer con bata blanca y yo, con aquel mandilón que estorbaba mis movimientos, nos enzarzamos en una pelea dialéctica en la que sin argumentos claros, sucumbí, por derecho y por detrás ¡¡CASTIGADO!!
Allí estaba entonces, encerrado sin contemplaciones mientras mis compañeros daban patadas al balón y corrían despavoridas para desaparecer y gritar aquello de: “sal de la malla gorrión”
Tenia que salir como fuese. Tenía que pensar y rápido. Mis vente minutos de tortura se acababan y luego sería pasto de las burlas del resto de mandilones con patas.
Mire a mí alrededor buscando una posible salida.
¡No podía ser, era increíble! Me habían dejado en una habitación con ventanas y sin barrotes ¿? Quizás por mi poca estatura, que no anchura, se creían que no iba a ser capaz de salir por allí.
El primer intento resulto fallido, era verdad que estaba un poco alto y me entro el pánico, pero a la segunda... ¡Libre al fin!
En cualquier momento y más con los gritos de júbilo que estaban dando mis compañeros, seguro que no tardaba en presentarse allí el Capitán Garfio ¿qué hacer? ¡Buaaaaaaaaaaaaaaa! La respuesta la encontré en el llanto. El llanto y mandar a alguien a buscar a Campanilla, que era mi hermano, cosa que yo desconocía.
¡Bua, bua, bua! ¡Yo no fui, de verdad!
En realidad, no se como Campanilla/hermano soluciono aquello, pero al final, era yo el que mas fuerte le daba al balón, el que mas gritaba aquello de: “sal de la malla gorrión”
Y así, sin represalias ni desaires, transcurrió el resto del día. Una nueva victoria de Peter Pan. Bueno, mas bien de Campanilla/hermano.
¡Ya esta! Afilada justo a tiempo. Cuarenta muescas menos y lista para una nueva pelea con el Capitán Garfio, que esta vez está disfrazado de bebe y dice llamarse Daniela
¡¡¡Al ataquerrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!


P.D. Todo parecido con la realidad, no es mas que eso, realidad.
P.D.2 ¿Qué son cuarenta años ante la inmensidad del mar?

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