jueves, 28 de julio de 2011

La linda viborilla multicolor

Y cuando creíamos que la villa de Pola de Lena sería principio y final de nuestro periplo bicicletero, dio comienzo una nueva aventura.


El primer puerto, Pajares. Categoría especial y abultadamente cuesto, que con inteligencia superamos haciendo dos viajes en coche y que nos sitúa en la villa castellana de Villamanin, junto a un buen surtido de viandas y licores. No llevamos otra intención oculta, que la de un fin de semana típicamente cicloturístico y cervecero.


Ya en carretera, vamos midiendo nuestras fuerzas. Pocas en algunos casos y sorpresivas en otros.
Ancho el reino de Castilla a golpe de pedal grita alguien. Entretanto, las cuestas se suceden entre dolores de culo y gotas de sudor, que reponemos, como no, con largos tragos de fresca cerveza a la sombra de las magnificas y escalables Peñas del Prado. ¿Otra cervecilla amigos?
La primera gran pendiente se sufre con la satisfacción de la primera gran bajada. El baño de barro en Sena de Luna, la pitanza y las reparaciones de turno serán algo secundario, aunque reconfortante. Lo del ojete ya es otra cosa, nos hace pensar en aquella tonadilla que decía alegremente y sin duda, sin pensar en nuestras posaderas: si tiene arreglo se arreglara y si no lo tiene, arreglado esta.


Babia, tierra de inopia y cigüeñas que afrontamos aceleradas por la velocidad de los coches y las ganas de mitigar de nuestras gargantas el carburante en suspensión. Venga esa helada clara.
Nuestro destino y final ese día, Torrestio, pitanza y cama dura. Mañana Ventana.


Con las orejas gachas y el estomago lleno de pan con miel echo de flores mesetarias, nos enfrentamos a las rampas del puerto de Ventana por su parte “llana”. Las más fuertes, salen disparadas con sus cavilaciones hasta la cima. Las mas débiles, cavilamos lo propio mientras buscamos la mejor postura sobre el sillín para que nuestro dolorido perineo sufra lo menos posible, ya tenemos bastante sufrimiento viendo como la carretera, en un interminable subir, no nos da descanso ¿qué alguien pensó en venir por Asturias? ¡¡JA!!
Asturias patria querida: niebla, orbayu y las que lleguen las últimas abajo pagan la siguiente.
Afrontamos la segunda y vertiginosa gran bajada, que nos conduce al refrigerio de Cueva Huerta y la siguiente parada técnica. Que dura la vida del cicloturista cervecero, pero que dure.


Para rematar: senda, osas y gentío, nos devuelven a casa doloridas, cansadas y henchidas por la hazaña conseguida, con ese agradable poso de satisfacción que dejan un par de jornadas de bicicleta tranquila entre cervezas y risas con los colegas.
Constato: quiero mas.


P.D. Gracias infinitas a todas aquellas personas que desde los coches de apoyo nos fueron dando ánimos y ayuda espiritual.

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